DUERMEVELA HOSTEL
Queremos un mundo, ¿cómo decirlo? ¿Más amable?, ¿más humano?, ¿más justo? Sí, claro, siempre, desde luego. Y, si puede ser, también más divertido (que una revolución entre bostezos no nos representa).
Somos entusiastas ‒pero de manera moderada, eh, que ya sabemos que el exceso…‒, de las que creen que abrir una puerta puede cambiar un día. Para bien, claro. Y quien dice abrir una puerta, dice hacer una cama, que aquí las tenemos a pares.
Lo que más nos anima diariamente es pensar y crear espacios donde quepan nuevas posibilidades, donde puedas llegar con tu equipaje ‒íbamos a decir mochila, la visible y la invisible…‒, y sentirte a gusto, siempre desde la diversidad y la ternura. Sí, la ternura. Nos encanta esta palabra, que suena como pequeña, pero no, y cuya raíz latina significa blando. Qué menos que alojarte en un lugar y enseguida sentir su blandura, la sensibilidad y amabilidad en el trato. Aquí procuraremos, pues, que te sientas suave.
Buscamos el equilibrio. Eso es. Entre el trabajo constante y el descanso merecido. Entre el hacer y el parar. Entre el compromiso y la risa. Entre el dormir y estar en vela. No siempre nos sale perfecto (la inteligencia artificial no es lo nuestro), pero lo intentamos cada día: que este lugar respire, y que respire calma, y que palpite, que no deje de palpitar.
Nos encanta acoger proyectos de creación, equipos de trabajo que comparten valores, ideas que nacen en una libreta y terminan en algo que mejora la convivencia. Nos gustan las iniciativas que nos humanizan en este mundo un poco loco, ya sabes, un poco acelerado, un poco mucho ruidoso, tan necesitado de escucha, quietud y conversaciones sin reloj (que se quede afuera ese tictac).
Durante el curso, el salón se llena de vida: improvisación teatral para reírnos de nosotras mismas; antigimnasia (tal cual, como lo oyes) para escuchar el cuerpo; yoga para estirar también el alma; danza afro para recordar que el ritmo es una forma de alegría; verticales para cambiar la perspectiva (literalmente); y masajes para reconciliarnos con la gravedad. Aquí se viene a moverse, a sentir, a probar, a equivocarse con estilo.
Una vez al mes abrimos las puertas de par en par y celebramos nuestras Duermeveladas: conciertos íntimos, para escuchar y compartir de cerca. Puede que acabes cantando. Puede que acabes haciendo migas. Y hasta puede que acabes quedándote un rato más del que pensabas.
Nos preocupa el medio ambiente porque este planeta es la casa grande de todas. Por eso te pedimos un consumo responsable del agua (las duchas eternas están muy bien en las películas), instalamos paneles solares para el agua caliente y facilitamos la separación de residuos. Ya sabes, pequeños gestos, grandes intenciones.
Apostamos por el comercio local y el consumo consciente. Utilizamos productos de limpieza ecológicos, de venta local y a granel. Formamos parte de cooperativas de consumo de teléfono y electricidad: Som Connexió y Som Energia. Elegimos, siempre que sea posible, que nuestro impacto sea coherente con lo que soñamos.
Y hay algo que tenemos muy claro: en el Duermevela practicamos una política de tolerancia cero ante cualquier acto de acoso, violencia o discriminación por raza, etnia, religión, origen, discapacidad, sexo, identidad de género u orientación sexual. Queremos que quienes crucen esta puerta se sientan seguras y respetadas siempre.
Si has llegado hasta aquí, quizá no sea casualidad. Tal vez estés buscando algo más que una cama. Tal vez quieras un lugar donde descansar y, al mismo tiempo, despertar.
Si vienes, te recibiremos como nos gusta recibir: despacio y con escucha.
Te invitamos a hacer un mundo en este hueco. Te damos la bienvenida. Pasa. Estás en casa.